
Comandante de las Fuerzas Especiales Anti-Kuregumo del Kamunabi, escuadrón de seis combatientes de élite cuya misión era neutralizar a Genichi Sojo y recuperar Kuregumo. Tras una catastrófica derrota frente al traficante y un estado de coma posterior, se convirtió en el único superviviente de su unidad.
En su estado original poseía un físico robusto, cabello rapado a los lados con trenza posterior y gafas, con actitud despreocupada y trato informal incluso con superiores. Presenciar la muerte violenta de sus subordinados quebrantó su cordura; al despertar del coma se sumergió en una profunda depresión nihilista y perdió ambas piernas.
Para lidiar con la culpa, su subconsciente comenzó a utilizar su hechicería involuntariamente para manipular arena de hierro dentro de la ropa de sus caídos, recreando una silueta con la máscara de su compañero Kugara. Hagiwara desarrolló un delirio esquizofrénico en el que esta manifestación actuaba como un amigo imaginario. Durante el ataque al cuartel general recuperó su instinto asesino de forma desquiciada, mostrando ojos inyectados en sangre y risa histérica mientras empalaba enemigos junto a su alucinación.
Hechicería basada en el magnetismo que le permite atraer o repeler objetos a voluntad. A pesar de la pérdida de sus piernas, utiliza su poder para levitar constantemente sobre el suelo con agilidad pasmosa. En su enfrentamiento contra Sojo disparó armas blancas telequinéticamente tras ser bloqueadas por el hielo, repelió masas de agua y combinó la electricidad de Sojo con las propiedades de endurecimiento de Kugara para disparar a este último como proyectil humano mediante un cañón electromagnético improvisado.
Su mayor fortaleza es la manipulación absoluta de arena de hierro, cosida previamente en la indumentaria de sus aliados. Debido a su trastorno mental cree que las acciones de la aparición de Kugara son ajenas a él, lo que hace que el control subconsciente de la arena alcance el estado de "inconsciencia pura": dado que la esencia de la hechicería consiste en moldear la energía sin esfuerzo consciente, este delirio amplificó exponencialmente su destreza, convirtiéndolo —según los médicos del Kamunabi— en la máquina de matar perfecta. Expandiendo sus fuerzas magnéticas a gran escala puede realizar un escaneo de resonancia magnética en todo el complejo del Kamunabi para detectar anomalías anatómicas específicas.