
Uno de los seis portadores de Espadas Encantadas de la Guerra Seitei, reconocido como un guerrero legendario portador de Tobimune. Hombre de mediana edad, alto y ligeramente musculoso, cabello negro peinado hacia atrás y perilla incipiente. Destaca por su palidez, las cicatrices verticales blancas que cruzan sus ojos —a los que renunció voluntariamente para evitar las pasiones mundanas y el recuerdo visual de sus víctimas— y el uso habitual de gafas de sol redondas. Viste trajes oscuros sobre polos blancos, sandalias geta y emplea una katana como bastón.
Profunda contradicción entre su faceta pública jovial, humilde y empática, y su vida interna marcada por nihilismo destructivo, autorrechazo y culpa asfixiante por los horrores de la guerra. Se distanciaba de la idolatría hacia los portadores, a quienes consideraba un mal mayor que los Hishaku por sus crímenes encubiertos. Buscó la redención mediante la eliminación de sus antiguos compañeros y su propio sacrificio, hasta que la determinación de Chihiro y la importancia de proteger a su hija Iori lo llevaron a apostar por el futuro.
Espadachín inigualable cuya velocidad era considerada la más rápida jamás presenciada por Kunishige, maestro del Iai de Pureza Blanca con destreza superior incluso a Yoji Uruha. Su Contrato Vitalicio con Tobimune lo privó de hechicería; lo compensó con potenciación física sobrehumana, sentidos hiperagudos como olfato y tacto y una técnica de ecolocalización mediante el rápido envainado y desenvainado de su espada.
Durante su batalla contra Akemura recuperó la vista utilizando las llamas de Suzaku no para destruir, sino para visualizar un futuro donde pudiera abrazar a su hija y luchar junto a Chihiro. Sacrificó sus reservas finales de energía y su propia existencia para asegurar que la esperanza representada por Enten no se desvaneciera frente al poder de Magatsumi, transformando las llamas en fuego negro. Su cuerpo se desintegró en cenizas; antes envió Tobimune mediante Crow al patio donde se encontraban Iori, los Masumi e Ikura. Chihiro teoriza que las propias llamas negras podrían eventualmente revivirlo.