
Reconocido universalmente por su título de Kensei (剣聖, "Santo de la Espada"; en la traducción VIZ, Sword Master). Uno de los portadores de las Espadas Encantadas durante la Guerra Seitei y poseedor del Contrato Vitalicio de Magatsumi, la hoja más poderosa creada por Kunishige Rokuhira. Cuñado de Kunishige y tío materno de Chihiro (hermano de Chiaki Soga). Tras la guerra perpetró el genocidio de aproximadamente 200.000 integrantes de los Mikaboshi mediante Malediction, lo que llevó a sus aliados a confinarlo durante dieciocho años en una celda subterránea del Kamunabi por considerarlo una amenaza incontrolable.
Hombre larguirucho con vestimentas blancas gastadas, cabello negro hasta los hombros, nariz afilada y prominentes ojeras bajo unos ojos claros que se cubren de sombras negras al manifestar el poder de Magatsumi. Tras tomar el control del Kamunabi adopta un haori negro de cuello alto y pantalones holgados con protecciones blindadas.
Determinación indomable y fortaleza mental absoluta: conservó la cordura tras casi dos décadas de aislamiento. Trato cordial y sereno incluso en situaciones críticas; interrumpió su invasión mental sobre Yura únicamente para conversar sobre el clima. Su filosofía es una versión radicalizada de los ideales de Kunishige: eliminar el mal se convirtió en una purga necesaria para garantizar el futuro de Japón. No siente el menor remordimiento por la masacre, en marcado contraste con los otros portadores. Aunque mató a Chihiro y destruyó Enten, confesó sentir lástima por su sobrino.
Espadachín más talentoso de su era. Su pericia es incomparable: iguala técnicas de velocidad extrema como el Iai de Pureza Blanca de Samura sin amplificar su energía con la espada (de hecho, podría haberlo dominado a la perfección, pero rechazó hacerlo por desprecio personal hacia Itsuo Shirakai). Blandiendo Magatsumi sus duelos se transforman en ejecuciones sumarias; los otros cinco portadores fueron incapaces de detenerlo en el pasado. Un simple balanceo potenciado por Butterfly puede partir un edificio entero por la mitad. Tras años de encierro bajo dispositivos diseñados para drenar su vitalidad, su voluntad le permitía mantenerse en pie y realizar ejercicios básicos.